Diferencia de géneros: ¿realidad válida o sólo una construcción social?

Desde tiempos inmemorables que las diferencias de género existen en nuestra sociedad. No es novedad tampoco el mencionar cómo se ha ido manifestando a través de la historia, pues sólo basta con nombrar a las antiguas civilizaciones que tanto admiramos y usamos como modelo para construir nuestra sociedad para darnos cuenta de la manera en que segregaban todas sus actividades de acorde al sexo del individuo. Por ejemplo, los griegos siempre fueron grandes intelectuales, pero las actividades que tuvieran que ver con la política y el desarrollo de la inteligencia, estaban reducidas al hombre, en cambio, las mujeres sólo accedían a las labores del hogar, al encuentro de bodas y entierros. Y no tenían derecho a votar en las decisiones de la ciudadanía.

Si hasta el mismo Aristóteles afirmó en algún momento que la mujer era sólo la materia, que no tenía espíritu como el hombre. En otras palabras, la mujer no tenía ni voz ni voto en aquella sociedad, pues todo era cosa de hombres y así se catalogaba al “segundo sexo” como la mujer, con un intelecto inferior y hasta objetivándola. Por lo tanto, la diferencia de género, históricamente ha promovido la discriminación a la mujer y un fuerte patriarcado y machismo cultural que todavía sigue en pie.

Este ha sido el panorama socio histórico de la mujer a través de la historia debido a la diferencia de género, que ha elevado el machismo y el patriarcado del que todos –hombres, mujeres, niños y niñas o todos los seres humanos- somos víctimas.

Sin embargo, toda esta discrepancia entre ambos sexos, no es nada más que una construcción social, que nace primordialmente por la necesidad de clasificar las cosas. Quizás existe un factor biológico que de naturaleza permite todo tipo de diferencia, pero frente a la vida, estamos en igualdad de condiciones en cierto punto. Ya que estamos condenados a nacer, crecer, estudiar, sacar una profesión para después formar una familia y mantenerla. Además, no hay que olvidar que somos parte de un sistema que nos consume a fondo.

Aun así, el sexo masculino lleva ventaja por sobre el femenino. Pero de eso hablaré más adelante.

Las instituciones como la iglesia, la familia y el estado promueven dicha distinción a través de los roles aprendidos que llevan a mostrar por sobre todo una imagen femenina débil y una imagen masculina fuerte. Toda esta imagen ayuda a la discriminación entre géneros, ya que ¿qué es lo que sucede con aquel que no cumple con el modelo de sexualidad establecido? Por dar un ejemplo, yo soy mujer, pero no me apetece actuar como tal. Entonces, pasa esto y la sociedad me excluye por no tener un comportamiento de acorde a lo que determina mi biología.

Y esto es lo que pasa también con aquellos que han nacido con un sexo determinado y que pasado el tiempo, se cambian al otro porque no se sienten cómodos con lo que nacieron. O sea, se sienten encerrados en el cuerpo equivocado. A este individuo ya no basta con segregarlo, sino que hay que discriminarlo. Debido al binalismo que hay naturalmente, las personas que se hacen un cambio de sexo, quedan completamente excluidos. Y no es nada más que por mera ignorancia por una humanidad ignorante y sumida en la intolerancia que, en vez de informarse a través de los tantos estudios hechos en el último tiempo, continua en su mentalidad cerrada, con el vano argumento de que un transexual está  mal solo por el hecho de que “nunca se ha visto eso” o “porque solo se nace hombre o mujer”.

Lo que hace la disputa de género es reforzar el modelo patriarcal, apoyando de esa manera la violencia y la discriminación hacia la mujer. Sin embargo, gracias al surgimiento del feminismo, cuyo fin es buscar la igualdad de derechos y otras cosas entre hombres y mujeres, las situaciones de desigualdad se han podido estabilizar un poco y se ha protegido al sexo femenino. Aunque, lo ideal sería que si se busca una igualdad de derechos y oportunidades, no se debería victimizar tanto a las féminas.

Es importante recalcar lo que en ámbito económico y social se demuestra o se refiere con estas discrepancias de los individuos.

Por un lado, si de economía se trata (y esto llevado más por lo laboral), un hombre tiende a llevar una subsistencia económica mucho mejor que una mujer, incluso cuando ambos comparten el mismo cargo o puesto de trabajo. Además, siempre se le ha establecido cierto éxito laboral al macho, en cambio, hay cierta retribución a que las mujeres deben aprender ciertas estrategias para poder conseguir algo. De la misma forma, las mujeres son más inestables laboralmente por el simple hecho de la maternidad, porque esto afecta de cierta forma la productividad de la institución en la que esté contratada.

Si de gastos se trata, las mujeres gastan más que los hombres en productos que sean para el aseo personal o para vestirse. Esto no es tan solo por un asunto de que ellas sean más propensas al consumismo, sino que dichos bienes o servicios que se adquieren, son mucho más caros, sin contar con aquella presión social de que hay que estar siempre arregladas y lucir bien, entre otras cosas.

Por otro lado, la presión social sobre ambos sexos puede ser equitativa, ya que cada uno sigue una postura al rol aprendido desde que nace y debe actuar de una forma determinada. Eso sí, siempre hay cierta tendencia a pensar que si se nace mujer, se nace para ser madre. No así con el hombre, que nunca se le hacen preguntas acerca de una posible paternidad.

Si bien, la naturaleza permite a una mujer el concebir hijos, no tiene que ser el destino de ella y no por ello se le debe cuestionar la decisión de querer ser madre o no. Lo mismo con el tema del matrimonio, en este caso es como si la mujer estuviese condenada a casarse, porque ha de ser una presión social. Últimamente, se ha visto cómo las actrices de Hollywood, al ser abordadas con preguntas que tienen que ver con su vida amorosa, estabilidad emocional y proyectarse a futuro como madre o si piensan en casarse han respondido de manera crítica e irónica a ello, acotando que siempre le tocan las preguntas inteligentes a sus compañeros.

Y es cierto. A los hombres les preguntan acerca del éxito que están teniendo en su carrera y qué es lo que proyectan a futuro acerca de eso, mientras que a las mujeres todo el tiempo es como si les hiciera falta un hombre a su lado.

Me gustaría señalar que del mismo modo, la diferencia de género está en la educación, ya sea escolar o universitaria. Seguramente, nunca se ha tomado en cuenta de qué forma puede estar presente la educación sexista, pero sí existe. Aquí, las mujeres también han sido violentadas psicológica y simbólicamente y del mismo modo, los hombres también se han visto afectados. Esto sucede principalmente cuando las carreras han sido masculinizadas o feminizadas. Por ejemplo, en el primer caso, ocurre con las ingenierías que, en general, han de ser más hombres quienes entran a estudiar. Entonces, las mujeres quedarían en minoría y comenzaría a haber cierto cambio de actitud en ellas o los mismos profesores las excluyen al momento de hacer las clases. A lo mejor, se encontrarán con comentarios sexistas por parte de sus compañeros, aludiendo a su intelecto u otras cosas.

De la misma forma, en carreras que se han feminizado como enfermería, obstetricia o nutrición, los hombres se han incomodado estudiando dichas carreras y han terminado por dejarla al observar que son minoría. Todos estos casos los tomo por ejemplo a través de experiencias de personas cercanas.

La diferencia de género y las relaciones de poder van estrechamente relacionadas, ya que hay cierto intento de dominación por parte del sexo masculino por sobre el femenino. Esto queda demostrado cuando a una mujer se le piropea en la calle o con el simple hecho cotidiano de no compartir las labores del hogar, las que siempre terminan siendo realizadas por ella, algo así como esclavizándola. Agregando que se acaba por convertir a la mujer en objeto y de la misma forma, se vuelve al laberinto cíclico de la violencia a la mujer, como un cuento sin fin. Y debido a esto, retomo lo que dejé a medias hace unas líneas atrás acerca de que los hombres llevan ventaja por sobre las mujeres.

Lo que sucede con las relaciones de poder tiene que ver con la razón de que los hombres nacen con privilegios por el simple hecho de serlo. Por lo que una mujer, debe hacerse espacio en la sociedad y en un mundo que todavía en el siglo XIX sigue atrapado en paradigmas que agreden a hombres y mujeres por igual, pero que prefiere no hacer nada por cambiarlo porque “las cosas siempre han sido así”.

Para finalizar, me gustaría volver a reafirmar que las diferencias de género son sólo una construcción social, porque más allá de clasificarnos en hombres o mujeres, somos humanos que compartimos tantas cosas, somos iguales en tantas cosas, que superan las que pueden diferenciarnos. Además, creo que los hombres se ven afectados con aquel paradigma de ser el macho proveedor que no es sensible y que no llora, pues de igual forma posee sentimientos y hay situaciones en la vida que le conmueven y no deberían sentirse mal si una mujer gana más que ellos o si en familia es ella quien la sustenta. Supongo que para un hombre, más allá de querer mostrar esa imagen es un trauma interno que la misma cultura le ha creado y que actúa así con tal de no sentirse discriminado entre pares.

Además, quisiera referirme a la situación con las mujeres, ya que bastante tenemos con la competencia con el otro género, así que ¿cuál es el propósito de competir entre nosotras? ¿Por qué mejor no nos apoyamos o nos unimos para transformar una sociedad que en sí es difícil para nosotras? Si va a existir una competencia con alguien de tu mismo género, tiene que ser contigo misma. Superémonos personalmente, vistámonos para gustarse a una misma y no para recibir la atención de ellos, para sentirnos bien con nosotras mismas y no compitamos por belleza, porque es efímera. Mejor profundicemos nuestros conocimientos y seamos interesantes por lo que pensamos y por lo que sabemos, no por cómo lucimos, que esto último refuerza el machismo y el patriarcado del que, absolutamente, todos somos víctimas.

Porque las diferencias de género, se construyen a partir de nosotros como sociedad, como seres que piensan que siempre ha sido así, cuando en realidad no es así. No hay discrepancias que no se puedan derribar, más bien hay comodidad y miedo al querer cambiar lo que nos hace mal a hombres y mujeres por igual.

   

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Nunca sé qué escribir acerca de mí cuando intento ser real. Mi nombre es Daphne y estudio periodismo en la UdeC. Siempre tengo apetito y me gusta mucho comer frutas y bebo muchísimo té, es para mí el elixir de la vida.

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