Lo que el sueño americano nos quitó

  1. Scott Fitzgerald. 1979. El gran Gatsby. Santiago: Andrés Bello, tercera edición, 1984.

 

Francis Scott Key Fitzgerald fue un escritor estadounidense, que nació en Minnesota el 24 de septiembre de 1896. Durante su carrera de escritor, se dedicó principalmente a historias cortas, aunque creó cuatro novelas. De éstas, la más conocida es El Gran Gatsby. Fitzgerald es considerado como uno de los grandes escritores del siglo XX y sus historias se enmarcan principalmente en lo que fue la era del jazz. Además, él se encuentra dentro de la Generación perdida de los años veinte.

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Su vocación como escritor la encontró en su adolescencia, al ver publicado uno de sus cuentos de detectives en el diario. Desde ese momento, su padre lo alentó en su talento literario. A los 44 años fallece en California, Estados Unidos. De forma póstuma, se publicó una novela llamada The love of the last tycoon.

Dentro de los temas que se evidencian, están los recurrentes dentro de la literatura, como lo son el amor, la amistad, la muerte, entre otros. Sin embargo, esta crítica abarcará el enfoque de cómo el sueño americano nos quitó la humanidad.

El gran Gatsby

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En general, el contexto de la historia de El Gran Gatsby se desenvuelve en los años veinte, época en la que Estados Unidos presentó altos índices económicos y en la que el consumismo, fue el centro de la humanidad. Asimismo, acompaña el sueño americano a todo el relato. Del mismo modo, los locos años veinte se representan en el relato a través de autos lujosos, grandiosas fiestas, mansiones tan inmensas como la casa del presidente. Joyas carísimas, trajes de lujo para hombres y mujeres y un despilfarro de dinero en licores y puros que, de seguro, llevan a la ruina a cualquiera.

Cuando nos enfrentamos al Gran Gatsby, de por sí el título ya da la idea de un ser humano grandioso, tal cual lo es su protagonista.  La vida de Gatsby parece ser un misterio de principio a fin. Lo que parece a la vez, que la historia se desarrolle en un mundo de apariencias. Nick Carraway, quien se vuelve un buen amigo de Jay, llamándole “viejo”,  es el encargado de contar los sucesos, desde su perspectiva, pero es un observador de tomo y lomo y todo lo que ve, lo cuenta con detalle. Incluso, podríamos inferir que leemos la propia interpretación de los hechos de Nick.

Situado en los felices y locos años veinte, Jay Gatsby se presenta ante el ojo de su narrador y observador como un millonario misterioso, envuelto en una atmósfera de máscaras, que oculta su identidad. Y así, no sabemos si creer la historia de vida que nos cuenta o dudar de ella. De todas formas, más vale caer en el juego de sus palabras. Ya llegará la ocasión en la que se muestre de manera transparente.

Este personaje es el responsable de realizar fiestas grandiosas, a las que asisten miles y miles de personas. Sin embargo, esas personas no tienen idea de quién es él. Todo lo que conocen del millonario misterioso, se basa en supuestos. De hecho, nunca nadie lo ha visto ni han tenido un encuentro físico con Gatsby. Entonces, como lectores nos damos cuenta que no existen relaciones interpersonales entre los sujetos que actúan en el relato. Tanto por parte de los invitados, como entre Gatsby y su amigo Nick Carraway, quienes entablan una buena amistad.

El relato es de modo cronológico, con pequeños flashbacks, para dar una mirada tanto al pasado del enigmático Gatsby como al de los demás personajes. Quizás, lo que juega en contra, sea la traducción del libro, pues hará que la interpretación de las palabras, muchas veces digan algo que no es lo que realmente dice en su idioma original. No obstante, no le quita lo buena que es la trama. De veras que sumerge al lector en el ambiente fiestero y glamoroso de lo que fueron los años veinte. Incluso, se puede escuchar a Gatsby diciendo “viejo” al terminar cada oración.

De todas maneras, si ven la película antes de leer el libro (sí, en la que Leonardo DiCaprio actúa como Gatsby y Nick Carraway es interpretado por Tobey Maguire), no se sacarán estas imágenes de la cabeza. Y pasará con Daisy, Tom y todos los demás.

Ahora, a lo que me convoca a hablar de este libro y la tesis que presenté en un principio. Antes de todo, habrá ALERTA DE SPOILER, ASÍ QUE SI NO SABE NADA DE LA OBRA LITERARIA O LA PELÍCULA, CIERRE LA PESTAÑA. SI SIGUE LEYENDO, SERÁ BAJO SU RESPONSABILIDAD.

Cuando Gatsby muere, hay algo que incomoda. Esto es la ausencia de personas a lo que es la última instancia para estar con una persona.

“Mientras él permanecía tendido en su casa, sin moverse, sin respirar, ni hablar, hora tras hora, comenzó a despertárseme un sentimiento de responsabilidad hacia él, ya que nadie más había demostrado interés, me refiero a ese tipo de interés intensamente personal que cualquiera, después de todo, tiene el vago derecho de despertar”. (pág. 156)

Así, nos damos cuenta que, a pesar de que la casa de Gatsby estaba lo más del tiempo llena, nadie se da el tiempo de asistir a su funeral. Fuese por mero error suyo, al esconderse tanto y mostrarse sólo a algunos, a los que fueran los verdaderos amigos de él. O fuese porque de verdad, el sueño americano o también el capitalismo nos roba el alma y la humanidad, volviéndonos seres codiciosos e interesados en alcanzar el éxito a cómo dé lugar o aprovecharnos de lo que nos entregue el otro.

Personalmente, creo que el sueño americano y tanto en el caso de Gatsby, fue todo por interés más que un asunto de verdaderos amigos. Muchos otros personajes lo conocían, pero tampoco quisieron darle un último adiós a quien ofrecía grandes fiestas, desinteresadamente.

¿Qué tan millonario hay que ser para no estar solo en el mundo? Bueno, el libro demuestra que hasta el amor de tu vida puede no asistir a tu funeral. Sólo con quienes enlaces una buena amistad, estarán allí, pero no por el dinero, sino por la confianza y la buena amistad que pudiste entregar, mientras transitamos por la vida.

No obstante, hay otra frase que se yuxtapone a lo que pienso y que, de igual manera, me deja una reflexión:  

“la amistad que sintamos hacia alguien, hay que demostrarla mientras esté vivo -continuó-. Si ese momento ya ha pasado, tengo por principio dejar que las cosas corran solas.” (pág. 163)

Nadie puede negar que Fitzgerald, nos entrega una gran novela que nos retrata el sueño americano tan de cerca, pero a la vez, nos trae la des-humanización a la vuelta de la esquina. Y supongo que, como seres humanos pensantes y sujetos que tienen sentimientos, no queremos estar solos por el mundo. O que se interesen en nosotros, cuando alcanzamos el éxito. 

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Author:

Nunca sé qué escribir acerca de mí cuando intento ser real. Mi nombre es Daphne y estudio periodismo en la UdeC. Siempre tengo apetito y me gusta mucho comer frutas y bebo muchísimo té, es para mí el elixir de la vida.

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